El Primer Mandamiento de la
Biblia reza lo siguiente: “Amar a Dios sobre todas las cosas”, regla sagrada
que irrespeta la casta oficial de forma grotesca y vulgar, al versionar a su
manera el “Padre Nuestro” por el “Chávez nuestro”, sin importarles ese 90% de
la población venezolana que se identifica con la religión católica.
La intención del Gobierno es
continuar polarizando, y vaya que son maquiavélicos cuando pretender utilizar
la fe como fin para justificar sus medios. Es difícil creer que esta estrategia
les rinda frutos, ya que para la sociedad en general, la política y la religión
no se deberían mezclar.
Los símbolos de cualquier
credo tienen que ser respetados. Cualquier Gobierno del planeta, debería hacer
el papel de catalizador para dirimir las controversias que existen entre unas y
otras religiones, con la finalidad de unificar y no de fragmentar. El “divide y
vencerás” de Nicolás Maquiavelo, es la receta favorita para los que han estado
al mando del Poder en los últimos 15 años.
El Gobierno no sólo ha
generado problemas con la Iglesia Católica, sino también con la Comunidad
Judía, que a su vez ha sido víctima de ataques antisemitas en la sinagoga de
Caracas. La posición política con respecto a los bombardeos que sufrió la
Franja de Gaza por parte de Israel es respetable, pero cuando el Presidente
Nicolás Maduro condena a los judíos en general, produce un efecto de
malinterpretación en sus seguidores que proceden a agredir a inocentes, que
nada tienen que ver con las decisiones de Netanyahu.
El culto a la personalidad
ha sido utilizado como instrumento de manipulación política, para someter la
voluntad de los pueblos a intereses particulares. En la extinta Unión
Soviética, Stalin se benefició de la memoria de Lenin. Mao Zedong repitió la
dosis en China apalancado en su propia figura, y en la actualidad hace lo
propio Kim Jong-un en Corea del Norte. Todos los ejemplos citados corresponden
a sistemas totalitarios, represivos y sin duda alguna genocidas.
Hay que respetar a las
personas que admiran y consideran un gran líder a Hugo Chávez, y no pongo en
duda esa realidad a pesar de las diferencias que tenga con esa corriente
política. Sin embargo, repudio a aquellos burócratas que pretenden “endiosarlo”,
sólo para seguir chupando la tética, mientras el pueblo padece todos los males que
ya conocemos. Rechazo la intención que tienen de seguir dividiendo a un país
que atraviesa por la peor crisis económica y social de su historia, y que necesita
la UNIÓN de todos los sectores para poder salir del abismo en el cual estamos
sumergidos.
Concluyo con una frase de la
oración que Jesús nos regaló a todos “El Padre Nuestro”. “Perdona nuestras
ofensas, así como también nosotros perdonamos a lo que nos ofenden”. Es
justamente lo que necesitamos, perdonar los errores de nuestros adversarios y
corregir los propios, para empezar a consolidar el camino hacia la
reconciliación nacional y transformar a Venezuela en un país próspero, donde
todos convivamos a pesar de las diferencias que existan.

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