martes, 23 de septiembre de 2014

La fe es unión



El Primer Mandamiento de la Biblia reza lo siguiente: “Amar a Dios sobre todas las cosas”, regla sagrada que irrespeta la casta oficial de forma grotesca y vulgar, al versionar a su manera el “Padre Nuestro” por el “Chávez nuestro”, sin importarles ese 90% de la población venezolana que se identifica con la religión católica.
La intención del Gobierno es continuar polarizando, y vaya que son maquiavélicos cuando pretender utilizar la fe como fin para justificar sus medios. Es difícil creer que esta estrategia les rinda frutos, ya que para la sociedad en general, la política y la religión no se deberían mezclar.
Los símbolos de cualquier credo tienen que ser respetados. Cualquier Gobierno del planeta, debería hacer el papel de catalizador para dirimir las controversias que existen entre unas y otras religiones, con la finalidad de unificar y no de fragmentar. El “divide y vencerás” de Nicolás Maquiavelo, es la receta favorita para los que han estado al mando del Poder en los últimos 15 años.
El Gobierno no sólo ha generado problemas con la Iglesia Católica, sino también con la Comunidad Judía, que a su vez ha sido víctima de ataques antisemitas en la sinagoga de Caracas. La posición política con respecto a los bombardeos que sufrió la Franja de Gaza por parte de Israel es respetable, pero cuando el Presidente Nicolás Maduro condena a los judíos en general, produce un efecto de malinterpretación en sus seguidores que proceden a agredir a inocentes, que nada tienen que ver con las decisiones de Netanyahu.
El culto a la personalidad ha sido utilizado como instrumento de manipulación política, para someter la voluntad de los pueblos a intereses particulares. En la extinta Unión Soviética, Stalin se benefició de la memoria de Lenin. Mao Zedong repitió la dosis en China apalancado en su propia figura, y en la actualidad hace lo propio Kim Jong-un en Corea del Norte. Todos los ejemplos citados corresponden a sistemas totalitarios, represivos y sin duda alguna genocidas.
Hay que respetar a las personas que admiran y consideran un gran líder a Hugo Chávez, y no pongo en duda esa realidad a pesar de las diferencias que tenga con esa corriente política. Sin embargo, repudio a aquellos burócratas que pretenden “endiosarlo”, sólo para seguir chupando la tética, mientras el pueblo padece todos los males que ya conocemos. Rechazo la intención que tienen de seguir dividiendo a un país que atraviesa por la peor crisis económica y social de su historia, y que necesita la UNIÓN de todos los sectores para poder salir del abismo en el cual estamos sumergidos. 
Concluyo con una frase de la oración que Jesús nos regaló a todos “El Padre Nuestro”. “Perdona nuestras ofensas, así como también nosotros perdonamos a lo que nos ofenden”. Es justamente lo que necesitamos, perdonar los errores de nuestros adversarios y corregir los propios, para empezar a consolidar el camino hacia la reconciliación nacional y transformar a Venezuela en un país próspero, donde todos convivamos a pesar de las diferencias que existan.  



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