La crisis económica, social
y política que vivimos los venezolanos está más acentuada, y en lugar de
obtener soluciones por parte del Gobierno Nacional, recibimos excusas baratas y
repetidas que pretenden justificar la mediocridad e ineficiencia. Producto de
ello, un alto porcentaje de la juventud venezolana está tomando la decisión de
emigrar a otras latitudes en búsqueda de mejores oportunidades.
El venezolano no tenía la
característica de ser emigrante, sin embargo, en los últimos años esa realidad
ha cambiado drásticamente. Para que se tenga nada más una idea, en 1999 la
cantidad de emigrantes se ubicó en 200 mil, mientras que hoy asciende a un
aproximado de un millón 600 mil.
El 90%, de ese poco más de
millón y medio de venezolanos que viven en el exterior, son profesionales. 40%
cuentan con postgrados y maestrías, y 12% con doctorados, estos datos han sido
aportados por Tomás Páez, sociólogo y profesor de la Universidad Central de Venezuela
(UCV) en un estudio realizado recientemente. Además, Páez asegura que el 96% no
tienen intenciones de regresar, uno de cada 10 venezolanos se encuentra
buscando información para irse, y tres de cada 10 compatriotas tienen familiares
en otros países.
Son cifras que alarman, y que continúan lamentablemente
“in crescendo”. El aeropuerto Internacional Simón Bolívar despide diariamente a
cientos de venezolanos, en su mayoría jóvenes como ya he mencionado. Esta fuga
de talentos es uno de los mayores daños que está sufriendo nuestro país, y más
aún en estos tiempos de cólera que es cuando más ingenio necesitamos.
La inseguridad, las pocas oportunidades laborales,
los bajos sueldos son los motivos principales que alimentan el éxodo de jóvenes.
Y es que la mayoría de las víctimas de los homicidios cometidos en Venezuela,
son personas con edades comprendidas entre 17 y 35 años. Por otra parte, la
frustración de los recién graduados es palpable, ya que se les hace cuesta
arriba conseguir trabajo en sus especialidades, y por ende tienen que dedicarse
a otras tareas que no tienen relación con lo que estudiaron, y además los sueldos
no alcanzan para cubrir las necesidades básicas.
Incluso para un joven que se encuentre trabajando y
percibiendo un sueldo equivalente a cinco salarios mínimos (poco más de 20 mil
Bs.F), le costaría muchísimo poder comprar un carro del año, en primer lugar
porque no hay, y en segundo porque los precios son astronómicos. Y si de
adquirir una vivienda se tratase sería imposible.
El Gobierno Nacional está en el deber de poner en
marcha un plan serio y complejo, que atienda estas realidades. Un Plan del
Primer Empleo, que dignifique los salarios y se ajuste a las realidades
cambiarias. Hagamos esta simple comparación con un país latinoamericano que se
encuentra prácticamente en default económico como lo es Argentina, y es que un
trabajador de cualquier establecimiento comercial percibe 500 dólares
mensuales, es decir, 48 mil Bs.F (haciendo la equivalencia al dólar paralelo)
lo cual es igual a 10 remuneraciones venezolanas.
A pesar de éste cúmulo de problemas, los que
continuamos en el país debemos seguir luchando. Ese lema de que Venezuela está
en su final, es falso mis estimados compatriotas porque ninguna nación ha
desaparecido del globo terráqueo por más problemas que se presenten. Vamos a fijarnos
en los ejemplos de Alemania y Japón de la Segunda Guerra Mundial, que fueron
destrozados y pocos años después se convirtieron en superpotencias. Sin ir muy
lejos, Panamá salió hace 25 años de una dictadura terrible como la de Manuel
Antonio Noriega, y hoy día es un país de progreso. Hagamos posible que nuestros
seres queridos que decidieron irse por motivos entendibles, vuelvan pronto a su
tierra amada, porque sin duda alguna como Venezuela no hay dos.

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